PROPUESTA PARA LA RECONVERSIÓN DE LA HARINERA DEL EBRO EN HARINERA DE CASETAS

PROPUESTA PARA LA RECONVERSIÓN DE LA HARINERA DEL EBRO EN HARINERA DE CASETAS 

 

Dentro del programa de actividades organizadas por la Plataforma Métete en Harina para reivindicar el uso social de la Harinera de Casetas, en el año 2018 destacan las I Jornadas sobre Patrimonio Industrial celebradas el pasado 7-8 de abril en Casetas. Cuando surge la idea de estas Jornadas ya se había planteado desde la Plataforma la necesidad de elaborar un proyecto que ayudase a formalizar las ideas trabajadas.
Necesitábamos una herramienta de difusión que nos permitiera unificar y trasladar nuestro mensaje por las diferentes redes, administraciones, centros educativos, etc. proporcionando visibilidad a nuestra propuesta.




Desde que la Plataforma comienza a funcionar en 2016, a la que me uno como socia de Apudepa por cercanía e interés en lo industrial para un contacto inicial que va fructificando gracias a encontrar un grupo de trabajo con buena sintonía, hemos tenido claro "QUÉ queremos" [sin duda, LA HARINERA]. Tras dos años de recorrido había llegado el momento de plasmar el "PARA qué" la queremos o necesitamos. Es siempre muy interesante trabajar de manera colectiva porque hay tantos "para qué" como personas que integran los grupos de trabajo y se debían seleccionar aquellos usos acordes al lugar y a las necesidades de Casetas [necesidades que ya intentamos localizar en el informe realizado en 2016].   
    


De forma que en las sesiones de trabajo se van acotando actividades relacionadas con la música, la juventud, el patrimonio industrial. Pero desde el principio se vinculan esas actividades a una finalidad concreta que las dotará de mayor profundidad y calado en el tejido social casetero. De esta manera, la música ha de ser integradora, las actividades con la juventud generarán arraigo y lo industrial va unido a la memoria de los orígenes de la última gran oleada poblacional del barrio. 
Una vez tomada la amalgama de usos introducimos la dimensión del "CÓMO" nos enfrentamos al espacio, puesto que para nosotros es fundamental ser respetuosos con el contenedor que nos acoge, un edificio de valor patrimonial e histórico que ha sido desprovisto de su uso original en un terrible proceso de cercenación de su conjunto y de sus  bienes muebles. 



¿Qué nos ha llegado de lo que fue la Harinera del Ebro, ahora ya de Casetas? La fachada completa de la Calle Moncayo, lo que incluye el edificio "principal" de tres plantas donde estaba el corazón primigenio de la fabricación de la harina que tomaba la fuerza de la gravedad como parte del proceso, un perímetro más o menos dañado en el resto de calles conformando la manzana-conjunto y un sótano abovedado en la esquina de Moncayo con Aragón.


Interiormente, en lo que fue el edificio principal de la Harinera, se preservan tres plantas independientes pero unidas por una pequeña escalera interior, con aún vestigios industriales que deben ser inventariados, con elementos arquitectónicos a recuperar. Pero sobre todo, con la privilegiada espacialidad de los interiores industriales. La calidad de los espacios fabriles es comparable a cualquier ejemplo de arquitectura monumental por lo que debemos mantener estos espacios lo más originales posible.


Por lo tanto, los usos programados en esta edificación han de ser absolutamente compatibles con las pre-existencias. Nuestra propuesta destina las tres plantas a usos culturales que abarcan un necesario espacio de memoria de lo industrial en la planta baja, que sería el gran espacio para el encuentro y configurador del conjunto, una biblioteca en la segunda planta como respuesta a una de las principales necesidades detectadas en el informe de 2016 y un espacio polivalente en la última con potencial expositivo o incluso como alquiler para eventos, que puede ir además dotándose de uso a lo largo del tiempo. 
Nuestra propuesta integra como usos las necesidades detectadas en Casetas porque consideramos que aportando soluciones generamos un arraigo del equipamiento en el lugar y además conseguimos dotar al proyecto de una personalidad propia y a nuestra Harinera de una identificación. Como hemos visto tanto en la Azucarera o en la Harinera ZGZ los nuevos equipamientos se dotan de un carácter, ya sea espacios DIY, reciclaje, desarrollo artístico, vivero de empresas o un perfil tecnológico. En nuestro caso, ese carácter hará que la Harinera no aterrice en Casetas si no lo contrario pues son las necesidades del lugar las que colonizan el espacio.


Nuestras premisas diferenciadoras serán la introducción de la tradición musical casetera que tenía necesariamente que estar en este proyecto además como elemento de integrador social unido a la casa de la juventud (que era otra de las importantes necesidades detectadas en el informe de 2016). Esta combinación bidimensional entre la música y la juventud nos porporcionará sin duda un proyecto con vida y con presencia de usuarios habituales.


De manera general, en la zona del almacén de la Calle Moncayo esquina con Aragón rehacemos el volumen para distribuir pequeños cuartos de ensayo y grabación,  reaprovechando el sótano como pequeña sala de conciertos. Entendemos que las dimensiones serán modestas pero creemos que se pueden hacer grandes cosas en espacios controlados y no queremos propuestas mastodóndicas para la Harinera. 

La Casa de la Juventud se ubica en el área del antiguo almacén de la Calle Moncayo con Olmo, que tenía una altura generosa por lo que proponemos rehacer un volumen en el que introducimos dos alturas.  

Además la propuesta considera que todos estos usos distribuidos en diferentes plantas han de estar íntimamente ligadas al edificio central de la harinera, respetando y utilizando una serie de conexiones existentes.  



Comenzamos a detectar una serie e problemáticas una vez planteados los usos, puesto que estos se transforma en usuarios. Aunque el acceso natural parece ser el ubicado en el edificio central de la Calle Moncayo, esta vía de calzada estrecha y flujo abundante presenta problemas ante un acceso nutrido en número y frecuencia de personas. Por lo tanto se comienza a configurar la posibilidad de plantear otras entradas que además sean más positivas en cuanto a la conexión de la Harinera con el núcleo poblacional
 

La fachada de la Harinera no da hacia este núcleo si no a lo que era la Azucarera y el nudo ferroviario, por lo que parece interesante plantear una serie de accesos a la parcela que acerquen los nuevos usos planteados a ejes conectores como las Calles Aragón y Olmo. Buscamos conectar de la mejor manera posible el equipamiento y abrir los nuevos usos de la Harinera a la zona más populosa. Con estos nuevos accesos generamos unos recorridos más fluidos para los usuarios.


Esa zona ahora "trasera" de la Harinera se convierte ahora en la fachada más urbana, actual y moderna, permitiendo conservar la parte con valor histórico o patrimonial lo más intocable posible. 
 

Los tres módulos que se configuran pueden funcionar de manera combinada o independiente. Por supuesto necesitarán de dotaciones como aseos, instalaciones y todos los elementos necesarios para el correcto funcionamiento de una edificación pública que necesariamente tendrán que salir de la zona patrimonial de la Harinera en el que se debe intervenir mínimamente y ubicarse en una pastilla trasera que además permita la independencia de funcionamiento entre los volúmenes si así se desea. 
Esta pastilla es, como decíamos antes, la nueva fachada de la Harinera hacia Casetas, más moderna estéticamente y que nos permitiría máyor libertad estilística en la que podríamos retomar materiales como la trama de aluminio que existía en el silo de los años 60 de manera que recordamos pre-existencias sin reconstruirlas, de la misma manera que en el espacio libre podemos retomar las trazas originales ortogonales de silo y almacén demolidos para superponerlos en planta a una trama vegetal más orgánica. 



Los nuevos volúmenes no deben "tocar" las pre-existencias, planteando en este proyecto un distanciamiento que nos permite construir una piel interior en la que los nuevos huecos respondan a los requerimientos de los nuevos usos sin depender de la piel exterior, la fachada tradicional, que se convierte en paisaje de los usuarios desde el interior. De esta manera la iluminación es en parte cenital pues se genera en los intersticios entre las dos pieles.
Para terminar, volvemos a la pregunta: ¿Por qué necesitamos este proyecto? La respuesta creemos que ha quedado clara. Necesitamos que los demás vean lo que nosotros nos imaginamos porque es complicado defender una idea de lo que puede ser la Harinera viendo su estado actual. Queremos que este proyecto sea el punto de partida.



Queríamos poder dar luz a la potencialidad y belleza de su fachada y de sus espacios interiores que, una vez sacados fuera de contexto son poseedores de una teatralidad solo comparable al mejor de los barrocos. Su luz, sus dimensiones, la proporción de sus elementos son irrepetibles y solo podríamos conseguirlos ahora de manera artificiosa. Tenemos que ser capaces de paladear esa esencia de lo industrial y exigir que cuando un conjunto fabril entre en desuso sea inmediatamente protegido y conservado.






La cultura de lo industrial forma parte de lo que somos ahora como sociedad. Somos hijos de una etapa que ha acabado y apenas lo percibimos, sumergidos como estamos en una nueva era productiva. Esta cultura del trabajo es además madre directa de lo que es hoy Casetas. Por eso es tan importante que protejamos ese pasado a través de la Harinera.


Naira Gallardo Ruiz. En Casetas, 8 de abril de 2018.

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